La sesión de este miércoles 24 de febrero en el Senado de la Nación dejó un sabor a frustración en la oposición. Creyó tener el número para el quórum propio y se le evaporó en el momento decisivo por la ausencia de Carlos Saúl Menem. Sin eufemismos: no fue frustración o decepción, fue una derrota. El oficialismo kirchnerista, a cuyos adoradores les gusta autotildarse de "progresistas" le encontraron una enceguecida interpretación: "otra derrota del monopolio Clarín". O sea, celebraron la "victoria". Victoria de la mano de Menem, al que vituperaron, repudiaron, condenaron, asociaron con lo peor de las últimas dos o tres décadas, al execrable modelo neoliberal. ¿Victoria o derrota?. Victoria del kirchnerismo, derrota de la oposición. Por una elemental coherencia, es mejor una derrota sin Menem. Aunque la semana que viene el ex presidente esté sentado en su banca y se de vuelta la torta, seguiremos pensando que es mejor una derrota sin Menem. Si verdaderamente pensamos que el fin no justifica los medios (ni los hombres), mejor sin Menem. Ah¡ Otra cosa. ¿Por qué Menem se mandó el faltazo?
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